Admite Peña Nieto seguir AGENDA IMPUESTA por Empresarios

EPN admitió que su gobierno “tiene muchas coincidencias” con la agenda planteada por el Consejo Coordinador Empresarial.

No necesitaba decirlo Enrique Peña Nieto, pero lo dijo: su gobierno “tiene muchas coincidencias” con la agenda planteada por el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) para construir el futuro del país. En la 33 asamblea general del organismo, en la que se dio el cambio de presidente del mismo, el inquilino de Los Pinos demostró la dependencia del Ejecutivo de la cúpula empresarial. Tal realidad no augura nada bueno para la nación, teniendo en cuenta que la élite oligárquica no tiene más compromiso que consigo misma.

Según Peña Nieto, México tiene problemas porque son consecuencia de un entorno internacional adverso. Los hechos lo desmienten, porque aunque sucediera lo contrario, la realidad sería tan dramática como lo es en la actualidad. ¿Acaso la economía del país no empezó a resquebrajarse en un momento en que las principales economías del mundo atravesaban una etapa favorable? Los precios del petróleo estaban al alza, lo que permitió a José López Portillo fanfarronear conque deberíamos aprender a administrar la bonanza.

Es cierto, no supo o no pudo hacerlo y vino la debacle financiera que obligó a severos ajustes macroeconómicos, entre ellos la nacionalización de la banca, con el fin de frenar el saqueo que fue vigorosamente condenado por López Portillo. Al paso de los años quedó demostrado que tal situación fue, si no programada desde el exterior, sí claramente inducida para que llegara a Los Pinos Miguel de la Madrid, el impulsor del modelo neoliberal que acabó con la viabilidad de México como nación medianamente independiente.

Por eso es comprensible que Peña Nieto acepte que su agenda es compatible con la de la cúpula empresarial: es ésta la que tiene “la sartén por el mango”, como se dice coloquialmente, en materia económica. Lo que no se explica uno es la fijación que tienen ambos en que vamos por el rumbo correcto, cuando es por demás obvio que la crisis generalizada del país afecta a la gran mayoría de mexicanos, incluidos los más favorecidos por la política económica. No lo ven así porque todavía les está yendo muy bien, pero a mediano plazo se darán cuenta que les habría ido mejor si el país avanzara sin tantos problemas sociales y políticos.

Tampoco se explica uno cómo es que si las cosas van viento en popa, como afirma Peña Nieto, la pobreza siga aumentando en un millón de pobres por año, como lo puntualizan datos oficiales, y el desempleo real sea el más alto entre las naciones que integran la OCDE. Es falso, asimismo, que “el mercado interno es el que ha permitido apalancar la economía nacional”. El fondo del problema está precisamente allí, en el hundimiento del mercado interno por el nulo poder adquisitivo del salario, problema que se agudizará en los meses venideros por la caída estrepitosa de los precios internacionales del petróleo y el precio del dólar al alza.

No está por demás afirmar que México no debería estar inmerso en una crisis estructural como la que padecemos la inmensa mayoría de ciudadanos. ¿Acaso los países nórdicos atraviesan por una realidad tan dramática como la nuestra? Claro que no, a pesar de que carecen de los grandes activos con que contamos en nuestra nación. No hay justificación alguna para la pobreza estructural que padecemos, mucho menos para echar la culpa al “entorno económico mundial”.

La causa de la gran desigualdad que caracteriza a México está en las políticas públicas antidemocráticas y perversas, favorables a una minoría que a estas alturas del devenir del país, es la que realmente manda en el Estado. ¿No lo demuestra así la ceremonia de cambio de estafeta en el poderoso CCE? El mismo Peña Nieto se atrevió a decir: “Parece cambio de la Presidencia de la República”. Esto por la magnitud del boato y la presencia de la flor y nata de la clase empresarial y de la política nacional.

De ahí que las muchas coincidencias que tiene el régimen con la élite oligárquica, en vez de abonar en favor del futuro de la patria, lo hace en detrimento de las nuevas generaciones. De seguir como vamos, no alcanzarán programas asistencialistas, por muy elaborados que sean, para evitar que el pueblo proteste airadamente. Lo dramático del caso es que se generará una espiral de violencia que afectará también a los empresarios. No deberían ser tan ciegos. (PorEsto)

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